A veces ni se qué hago aquí.
Digo, en este lugar preciso, sentada frente a esta pantalla, ¿Cómo pasó? ¿Cuándo?
Pienso mucho en el camino, me pego bastante con esos temas, el recorrido que uno hace para llegar hasta cierto punto. En el presente siempre, y restándole importancia, quizás, al presente, dándole preferencia a ese camino. Pero igual, pasa el tiempo, y ese momento en que me detuve a observar los pasos que di, finalmente se convierte también en parte del recorrido. Y así, sucesivamente, ¿se entiende?
Mi psiquiatra me decía que sufría del mal del pasado y del futuro, me costaba mucho permanecer en el presente (o me cuesta, aún), no estoy muy segura como era pero creo que uno era regido por la ansiedad y el otro por la nostalgia, algo así. El punto es que yo tenía (tengo) ambos en mi, dentro, entonces es como una explosión constante, una fiesta con fuegos artificiales, castillo y vaca loca.
Respecto a eso último, debo decir que hasta probablemente los 20 le tuve terror a los fuegos artificiales, lloraba, me escondía debajo de cualquier mueble, gritaba, temblaba, sudaba. Nunca me gustó, así que entenderán como se siente esa fiesta patronal reventando todo los órganos que me quedan por consumir.
Estoy convencida que escribir de esto viene por la luna, hay luna llena, acá, ahora. Digamos ahora ahora, no, porque es de día. Pero la luna siempre esta ahí presente, en el cielo, en el espacio, esperando pacientemente a que la tierra termine de gravitar al rededor del sol al punto que ya no llegué esa luz amarilla a la ciudad. Entonces llega su momento, aparece redonda, empoderada, brillante. Nos rige a todas, y a todas más que a todos. Yo creo que eso viene del útero, de la concepción, de la relación madre-hija, ya lo que viene luego cuando te expulsan al mundo real es otra cosa.
Ya vengo.