9 feb 2022

 No sé porqué me sorprendió tanto el saber que debía estar medicada de por vida. En realidad creo que no fue una sorpresa, en el fondo siempre lo supe, fue más el choque de saber que todas mis sospechas eran reales.

Siempre he tenido un tema con eso de las sospechas.

Yo le llamo intuición.

Cuando tenia la intuición de algo, en una situación exacta, generalmente el tiempo me daba la razón. Mi intuición era tan exacta que empecé a temerle. Temerle porque hubo muchas ocasiones en las que intuía algo que esperaba que no fuese así, es decir, quería que mi intuición esté errada. Pero no lo estaba.

Ahora trato de no usarla.

Antes era por miedo a conocer una realidad que no quiero conocer, ahora es más por vivir el presente, sin adelantarme a lo que pueda suceder, es decir, usando esa palabrita de moda, dejar que fluya.

Eso de fluir nunca me gustó. Dentro de mi diagnóstico, ansiosa a más no poder, me impide tener la capacidad de simplemente “fluir” y dejar que las cosas poco a poco pasen, mi ansiedad me obliga a tener que estar preparada, siempre, anticiparme, si, controladora se podría decir. Pero controladora de mi momento, de mis espacios, de mi lugar, vaya, de mi vida.

Así que, finalmente una disyuntiva, si no uso mi intuición y dejo que fluya, mi ansiedad me dominará, y si la uso, la depresión se hará presente ante un posible suceso que me gustaría que no fuese real.



Ya vengo. 

(No prometo nada..)



(..esta vez)